no puedo hacer es seguir viviendo con alguien que convirtió mi confianza en un arma contra mi padre.
Le pidió que se marchara. Después inició su separación y, más adelante, los trámites de divorcio. El proceso relacionado con el fraude continuó su curso; la familia no intervino para fabricar excusas ni para pedirle a don Ernesto que cambiara su versión.
Dos semanas después, Patricia fue a ver a su padre. Yo estaba allí cuando entró. Llevaba una bolsa de mandarinas, pero la dejó sobre la mesa sin abrir.
—Papá, vine