verdad no lloran”. Lo sé con tanto detalle porque me lo contaron después. En ese exacto momento, yo estaba acostada a ciento veinte kilómetros de distancia, en la clínica rural del pueblo de San Marcos, con una etiqueta de cartón atada al dedo gordo del pie que decía: “Femenina Desconocida, aprox. 30 años, traída por pescadores”. Me llamo Valeria, tengo 36 años, y hoy les voy a contar cómo sobreviví a los nueve días en los que estuve legalmente muerta.
Todo comenzó por culpa de un autobús de pasajeros. Era