Pero en lo que salen los papeles, la verdad es que es muy incómodo tenerla aquí. Necesito espacio para vivir mi duelo. Váyase un tiempo a casa de su hermana”.
Mi mamá, atónita, le contestó: “Diego, ni siquiera hemos rezado el novenario”.
Él la miró con hielo en los ojos: “Doña Carmen, Valeria no querría que nos estorbáramos. Usted, legalmente, ya no es nadie para mí. Sin ofender. Ya no es nadie”.
Mi madre, una mujer de 63 años e hipertensa, empacó una maleta en una hora y se fue