al departamentito de un cuarto de su hermana. Al salir, se topó de frente con Paola, que salía de mi recámara bostezando y usando mi bata de baño. “¿Te ayudo con las maletas, señora?”, le dijo con descaro. Mi mamá, temblando, le preguntó: “¿De quién es esa bata?”. Paola se encogió de hombros: “Diego me dijo que la usara, total, a la difunta ya no le sirve”.
Día cinco. Viernes. Lo de Mateo. Esto me cuesta respirar cuando lo cuento. Diego subió a mi hijo a la camioneta con una