Mi propio esposo me declaró muerta en medio minuto ante un forense corrupto para quedarse con mis bienes y abandonar a nuestro hijo de once años en un internado de beneficencia, pero regresé al noveno día con el alma helada, abrí la puerta de la sala donde me lloraban con mentiras y le entregué una citación judicial mientras su amante intentaba huir con una maleta roja, demostrándole a todos los presentes que mi peor pesadilla no fue el río turbio, sino descubrir que el hombre que dormía en mi cama oraba cada noche para que nunca jamás volviera a despertar.

roben todo lo que amas, y para que lo recuperes con garras y dientes, si tienes la fuerza de salir a flote del río.

Esta es mi historia, y si llegaste hasta aquí, gracias. Acabas de leer a una mujer que estuvo muerta. Y créeme, estar muerta no es lo peor; lo aterrador es darte cuenta de quiénes celebraban tu funeral por la espalda.

Ahora es tu turno. Déjame tu historia en los comentarios. Cuéntanos cómo te han “enterrado en vida”: en un divorcio, en una enfermedad, cómo tu familia