dice que es su trofeo de guerra.
La bufanda vino que Diego usó en mi velorio la encontré en su clóset. Noche tras noche, mientras Mateo hacía su tarea, la fui deshilachando por completo hasta hacerla una bola de estambre. Con ese estambre, le tejí un gorro a Mateo para el frío. A él le encanta. Con mis propias manos le saqué todo el veneno, todo lo podrido a esa tela, y la convertí en algo que da calor.
Nueve días es poco tiempo, pero alcanza perfecto para que te