debería depender de confianza familiar para proteger a sus empleados.
El problema no fue solamente que Beatriz creyera tener autoridad que nunca le di. Fue que durante demasiado tiempo nuestro sistema le permitió comportarse como si la tuviera.
Antes de irnos, Mateo corrió hacia mí.
—Abuela, ¿hoy también encontraste a mamá aquí?
Daniela y yo nos miramos.
—Sí —respondí.
—¿Con maletas?
—No.
Mateo pareció satisfecho.
—Qué bueno.
Me tomó de la mano.
Y mientras caminábamos hacia el coche pensé en aquellas tres maletas junto a la fuente.
La primera vez