PARTE 2: MI CONSUEGRA FALSIFICÓ MI FIRMA PARA DESPEDIR A MI HIJA DE LA EMPRESA QUE YO FUNDÉ… PERO CUANDO REVISAMOS QUIÉN LE HABÍA DADO ACCESO, DESCUBRÍ QUE EL PROBLEMA NO TERMINABA EN ELLA

contenían casi todo lo que Daniela creía conservar de su vida.

Un año después ya no significaban nada.

Porque mi hija había descubierto algo que ni Sebastián ni Beatriz pudieron quitarle con una firma falsa:

su trabajo podía recuperarse.

Una casa podía venderse.

Un matrimonio podía terminar.

Incluso una familia podía reorganizarse.

Pero su capacidad para volver a ponerse de pie seguía siendo suya.

Y yo, que había construido Casa Robles con una máquina prestada y cuatro rollos de tela, sabía mejor que nadie que a veces una vida nueva