avisarle todavía a quien pudo participar.
Respiré.
Tenía razón.
Dos horas después encontramos el primer dato.
La carta había sido creada desde la computadora de Recursos Humanos.
Pero la solicitud de baja no provenía de Beatriz.
Provenía de una cuenta interna con autorización suficiente para iniciar movimientos de personal.
La de Sebastián.
Mi yerno.
Llamé a Daniela.
—Necesito preguntarte algo.
—¿Qué pasó?
—¿Sebastián podía despedirte?
—No. Trabajaba en comercial.
—¿Tenía algún tipo de acceso administrativo?
Silencio.
—Mamá…
—Daniela.
—Hace unos meses lo nombraron coordinador de un proyecto entre ventas y