operaciones. Le dieron permisos temporales para consultar algunos expedientes.
Cerré los ojos.
Aquello explicaba cómo había entrado.
No por qué.
A las once encontramos algo peor.
Sebastián había solicitado la baja de Daniela desde su cuenta.
Después, desde las credenciales temporales de Beatriz, alguien había cargado el documento firmado.
Era como si hubieran dividido el procedimiento.
Él iniciaba.
Ella ejecutaba.
Y mi nombre aparecía abajo.
Los cité por separado.
Beatriz llegó primero.
Traía lentes oscuros enormes y un bolso que costaba más que el primer automóvil que tuve.
—Teresa, qué