—¿Mi yerno te dijo que yo había autorizado despedir a mi propia hija?
—Dijo que tú querías evitar favoritismos y que no querías hacerlo personalmente.
—¿Y la firma?
Bajó la mirada.
—El documento ya estaba así.
Eso cambiaba una parte.
No la absolvía.
Pero significaba que todavía faltaba alguien.
Sebastián llegó cuarenta minutos después.
Cuando vio a Arturo sentado conmigo, comprendió que aquello no era una conversación familiar.
—Teresa…
—Señora Robles.
Se quedó callado.
—¿Solicitaste la baja de Daniela?
—Fue una decisión laboral.
—No tienes autoridad para tomarla.
—Daniela estaba