ella se puso una bata blanca antes de entrar.
Sentí que la sangre se me congelaba.
Corrí al módulo de enfermería y expliqué lo sucedido.
La encargada revisó los registros de visitas. Su expresión cambió inmediatamente.
—Hace unos minutos una mujer llamada Carolina solicitó entrar a ver a Elena. Dijo que venía a administrarle un tratamiento autorizado por la familia.
—¡No permitan que se acerque! —grité.
La enfermera levantó el teléfono para avisar a seguridad.
Pero antes de que terminara de hablar, otra empleada apareció corriendo por el pasillo.
—¡Doctora,