que nadie manipulara los objetos que Carolina había llevado hasta que pudieran revisarlos conforme al procedimiento correspondiente.
Arturo comenzó a gritar.
—¡Soy el esposo! ¡Esa mujer es mi esposa! ¡Ustedes no pueden tratarme como un criminal!
Daniel lo miró con los ojos enrojecidos.
—Entonces explícame por qué le echabas un polvo desconocido a su comida mientras le decías que necesitabas que muriera.
Mi suegro se quedó inmóvil.
No sabía que habíamos escuchado sus palabras.
—¿De qué estás hablando?
Daniel levantó el celular.
Reprodujo unos segundos del video.
La voz de