movió lentamente la cabeza.
No podía hablar con claridad, pero consiguió acariciarle los dedos.
Daniel lloraba como un niño.
—Te quiero mucho, mamá.
Elena hizo un esfuerzo enorme.
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—Vivan… bien…
Fueron las últimas palabras completas que conseguimos escucharle.
Aquella tarde su estado empeoró.
Los médicos tuvieron que trasladarla nuevamente a cuidados intensivos. Su presión arterial descendió y sus órganos comenzaron a fallar.
Daniel y yo permanecimos en el pasillo.
Él rezaba en silencio.
Yo miraba constantemente la puerta, esperando que alguien saliera para decirnos que