todo estaba bien.
Pero nadie traía buenas noticias.
Horas después, la doctora se acercó.
Su expresión me hizo comprenderlo antes de que hablara.
Habían intentado reanimar a Elena, pero su cuerpo no había resistido.
Mi suegra había fallecido.
Daniel se quedó inmóvil.
Después se sentó lentamente en el suelo y comenzó a llorar, cubriéndose el rostro.
Yo sentí un vacío imposible de describir.
Habíamos conseguido sacarla de aquella casa.
Habíamos descubierto quién la estaba lastimando.
Habíamos impedido que volvieran a acercarse a ella.
Pero no habíamos logrado devolverle la salud