de líquidos. Ya le estoy dando un remedio natural. No gasten dinero en tonterías.
—¿Qué remedio? —pregunté.
—Uno que me recomendó una persona de confianza. Tú ocúpate de cocinar.
Miré el buró. Había un plato de avena y varios sobres blancos sin etiquetas.
Entonces recordé algo que me inquietaba desde hacía días: Arturo había comenzado a preparar personalmente la comida de Elena, algo que nunca hacía.
También había empezado a cerrar su habitación con llave y a salir por las noches para recibir llamadas misteriosas.
Una vez lo escuché decir