llevo meses trabajando en él”, Diego bajó la mirada, avergonzado.
—Valeria —dijo al terminar—, yo nunca le di entrada. —¿Pero sabías que estaba intentando algo? Esa pregunta dejó la habitación en silencio. Diego tragó saliva. —Sí. Sentí que el piso desaparecía. —¿Desde cuándo? —Desde la fiesta de compromiso. Me siguió a la terraza. Me dijo que tú eras demasiado buena, demasiado tranquila, que yo necesitaba a alguien que me retara. Le dije que no. Después volvió a buscarme por mensajes, pero no contesté. Pensé que si te lo decía, te
las seis de la mañana, mi boda dejó de ser una celebración