boda. Su rostro cambió apenas. —No tienes pruebas. Saqué el celular. —Sí tengo. Por primera vez, Mariana palideció. Entonces escuchamos pasos detrás de nosotras. Era Diego. Y venía con algo en la mano que yo no esperaba ver hasta mucho después. Una captura impresa de mensajes que Mariana le había mandado durante meses. Y la última frase que dijo antes de entrar a la ceremonia me dejó helada: —Valeria, hay algo más que todavía no sabes.
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las seis de la mañana, mi boda dejó de ser una celebración