las seis de la mañana, mi boda dejó de ser una celebración

miré a él.

Y sonreí apenas.

—Ahora más que nunca.

La ceremonia continuó entre lágrimas, silencio y una honestidad que jamás habíamos tenido.

Nuestros votos ya no eran los mismos.

Los míos hablaban de elegir incluso cuando la vida se rompe frente a ti.

Los de Diego hablaban de dejar de esconder verdades por miedo a perder a quien amas.

Cuando dijo:

—Prometo no volver a dejarte sola frente a algo que debí proteger contigo—

su voz se quebró.

Y yo también lloré.

Pero esta vez no eran lágrimas de