miré a él.
Y sonreí apenas.
—Ahora más que nunca.
La ceremonia continuó entre lágrimas, silencio y una honestidad que jamás habíamos tenido.
Nuestros votos ya no eran los mismos.
Los míos hablaban de elegir incluso cuando la vida se rompe frente a ti.
Los de Diego hablaban de dejar de esconder verdades por miedo a perder a quien amas.
Cuando dijo:
—Prometo no volver a dejarte sola frente a algo que debí proteger contigo—
su voz se quebró.
Y yo también lloré.
Pero esta vez no eran lágrimas de