tristeza.
Eran de alivio.
Porque después de todo el caos, por fin estábamos viendo quiénes éramos de verdad.
Nos casamos al atardecer.
Sin perfección.
Sin cuento de hadas.
Pero con verdad.
Y eso terminó siendo más fuerte que cualquier boda perfecta de Pinterest.
Durante la recepción ocurrió algo que jamás olvidaré.
La mamá de Mariana se acercó a mí llorando.
—No sé en qué momento mi hija se convirtió en alguien capaz de hacer esto —me dijo—. Pero tú no merecías nada de lo que pasó.
La abracé.
Porque entendí