No podía dormir. Me sentía nerviosa, feliz, cansada. Diego me había mandado un mensaje minutos antes:
**Mañana te veo en el altar, mi amor. No sabes cuánto esperé este día.**
Sonreí como tonta. Apagué la lámpara. Cerré los ojos.
Y entonces escuché la risa.
Al principio pensé que mis damas de honor seguían platicando en la habitación contigua. Habíamos brindado juntas, nos habíamos tomado fotos en batas de seda color champaña, y Mariana, mi dama de honor principal, me había abrazado diciendo que yo era “la novia más bonita del