Mi prometido cargó a su mejor amiga hasta el coche nupcial y me dijo que tomara un taxi

te hace sentir culpable por notarlo.

Mis dedos se cerraron sobre la falda.

—No es siempre así.

—Lo sé.

—También tiene cosas buenas.

—También lo sé.

Su voz era tranquila.

—Camila también tiene cosas buenas.

Eso me desarmó.

Porque no estaba intentando convertir a Adrián en un monstruo.

Entendía.

Mateo había amado a alguien que también le había hecho daño.

—No quiero que pienses que soy una víctima perfecta —dijo.

—No lo pienso.

—Una vez revisé el teléfono de Camila.

Lo miré.

—¿Encontraste algo?

—Mensajes con Adrián.

Mi corazón golpeó.