Mi prometido cargó a su mejor amiga hasta el coche nupcial y me dijo que tomara un taxi

conveniente.

—No lo digo para culparte.

—Literalmente acabas de hacerlo.

Adrián respiró.

—Me equivoqué.

—Sí.

—Pero no significa que nunca te haya amado.

—No dije eso.

Pareció desconcertado.

—Entonces…

—Te creo.

—¿Qué?

—Creo que me amaste.

Se quedó en silencio.

—También creo que te acostumbraste a que amarme a mí y tenerla a ella cerca no te costaba nada.

Adrián bajó los ojos.

—Camila era importante para mí.

—Lo sé.

—Desde antes de conocerte.

—Eso nunca fue el problema.

—Entonces ¿qué querías que hiciera? ¿Que dejara de hablarle?

—No.

—Entonces…