nuestro hijo y no tenía dinero suficiente para retomarlos.
A veces cenaba solamente tortillas con frijoles para que Mateo pudiera tomar leche y comer fruta.
Ricardo decía que tampoco comía bien. Me mandaba fotografías de tortas baratas y habitaciones compartidas con otros trabajadores.
Y yo sentía orgullo de tener un marido tan trabajador.
Hasta que apareció mi abuelo Ernesto.
Llegó en una camioneta negra, acompañado de su chofer. Era dueño de una empresa constructora y varios negocios familiares. Desde que falleció mi madre, había sido la persona que más me