a existir.
Con el reloj, las cartas y el testimonio de Rosalba teníamos algo. Pero no suficiente.
—Nemesio dijo que la arrojó en el paso de las 3 piedras —me recordó Rosalba.
Yo conocía ese sitio. Río abajo había un remanso profundo donde se atoraban ramas y troncos cuando crecía la corriente. Al amanecer subimos los 3. No fuimos a “buscar un cuerpo” como si fuéramos investigadores. Fuimos a confirmar si había algo que justificara llevar a las autoridades hasta allá.
El agua estaba helada. Me até una cuerda a