volumen”.
Me quité los auriculares.
“No podías soportar verme hacer algo que de verdad me encanta, ¿verdad?”.
“Te he dicho que bajes el volumen”.
“No soporto verte malgastar tu vida como hice yo”.
Esa discusión acabó con un portazo tan fuerte que se cayó un cuadro de la pared.
Al final, dejé de grabar con regularidad. Mi guitarra pasaba más tiempo en su estuche, aunque seguía tocando cuando papá no estaba en casa.
Su mejor amigo, Frank, venía de visita de vez en cuando. A veces se iban juntos cargando