Estaba convencido de haber tomado la decisión correcta.
Pero, pasadas las primeras semanas, las cosas empezaron a cambiar.
Primero, Camila me habló de una inversión.
— Ricardo, deberíamos abrir una cuenta conjunta. Podríamos ganar mucho más si invirtiéramos juntos.
Le dije que quería pensarlo.
No le gustó la respuesta.
Luego empezó a hablar de un coche nuevo.
Decía que nos merecíamos algo mejor.
Que un hombre con mi negocio no debería conducir un coche normal.
Después llegó con otra propuesta.
— ¿Por qué no vendes tu parte de la casa familiar? Ese