Dejé a mi esposa por unakara mujer de 29 años, y descubrí a qué había renunciado

dinero podría financiar una oportunidad de negocio extraordinaria.

La miré sorprendido.

— Camila, esa es la casa donde crie a mis hijos.

Se encogió de hombros.

— Justamente por eso tienes que seguir adelante. Dijiste que querías una vida nueva.

Cada vez que yo dudaba en gastar dinero o aceptar sus propuestas, se ponía fría.

A veces no me hablaba durante horas.

Otras veces me reprochaba que siguiera atado al pasado.

— Ricardo, si elegiste estar conmigo, ¿por qué sigues viviendo pensando en tu vida anterior?

Intentaba explicárselo.

Pero cada vez tenía más