había renunciado a la persona que estuvo a mi lado cuando no tenía nada.
A la mujer que invirtió en mi sueño antes de que yo tuviera motivos suficientes para creer en él.
A la madre de mis hijos.
A la única persona que había visto todos mis fracasos y se había quedado a mi lado sin hacerme sentir más pequeño.
¿Y la verdad más cruel?
Camila no me robó la vida.
Se la ofrecí yo.
Por voluntad propia.
A cambio de unos cuantos halagos y de la ilusión de