Dejé a mi esposa por unakara mujer de 29 años, y descubrí a qué había renunciado

había renunciado a la persona que estuvo a mi lado cuando no tenía nada.

A la mujer que invirtió en mi sueño antes de que yo tuviera motivos suficientes para creer en él.

A la madre de mis hijos.

A la única persona que había visto todos mis fracasos y se había quedado a mi lado sin hacerme sentir más pequeño.

¿Y la verdad más cruel?

Camila no me robó la vida.

Se la ofrecí yo.

Por voluntad propia.

A cambio de unos cuantos halagos y de la ilusión de