Dejé a mi esposa por unakara mujer de 29 años, y descubrí a qué había renunciado

mesa, como siempre.

Esperé unos minutos y luego dije:

— Elena, tenemos que hablar.

Levantó la vista.

— Te escucho.

Respiré hondo.

— Me he enamorado de otra mujer.

Mi esposa se quedó inmóvil.

Dejó el tenedor despacio junto al plato.

— ¿Es más joven que yo?

— Sí.

— ¿Es guapa?

Dudé un instante.

— Muy guapa.

Elena asintió.

No lloró.

No levantó la voz.

No me pidió que le dijera desde cuándo duraba la relación.

Solo me miró con una calma que entonces no entendí.

— ¿Y quieres irte con ella?

— Sí. Creo que es hora