fotografías de todos los documentos.
Después llamé a un abogado.
Se llamaba Andrés Villaseñor y había sido amigo de Mariana desde la universidad.
Le expliqué lo que estaba ocurriendo.
—Rafael, no firmes nada y no confrontes a Verónica todavía —me advirtió—. Necesitamos revisar los documentos originales y proteger la propiedad.
—¿Puede venderla sin mi autorización?
—Si falsificaron firmas, pueden intentar
engañar a alguien. Tenemos que actuar inmediatamente.
Le envié las fotografías.
Andrés prometió solicitar información registral y preparar las acciones necesarias.
Después llamé a una médica de confianza para que