Sentí que se me tensaba la mandíbula.
—¿En casa?
—Sí, claro. ¿Dónde más?
Miré las fotografías del viaje a Cancún.
—¿Está Valeria contigo?
Hubo una pausa.
—Está haciendo tarea.
—¿Puedo hablar con ella?
—Ahora no. Está muy ocupada.
Cerré los ojos.
Mi esposa estaba mintiéndome con una facilidad escalofriante.
—Está bien, Verónica. Nos vemos pronto.
Colgué.
Valeria me observó.
—¿Le dijiste que regresaste?
Negué.
—Todavía no.
Porque ahora tenía un plan.
Y esta vez, cuando Verónica regresara de sus vacaciones, no encontraría al esposo que siempre creyó poder engañar.