Su madre se llevó una mano al pecho.
—¡Qué vergüenza! ¡Meter a la policía en problemas familiares!
La observé sin moverme.
—La vergüenza es lastimar a una menor y dejarla sola durante varios días.
Verónica comenzó a llorar.
—Rafael, estás malinterpretando todo.
—¿También malinterpreté que estaban en Cancún mientras me decías que estabas en casa?
No respondió.
Saqué las fotografías de las vacaciones.
Después los recibos de empeño.
Finalmente coloqué sobre la mesa las copias de la propuesta de venta.
—¿Y esto?
Verónica se quedó inmóvil.
Lorena intentó tomar los