REGRESÉ TRES DÍAS ANTES DE MI VIAJE Y ENCONTRÉ A MI HIJA LAVANDO ROPA A OSCURAS… CUANDO VI LOS MORETONES EN SUS BRAZOS, GUARDÉ SILENCIO. PERO LO QUE DESCUBRÍ EN EL CUARTO DE MI ESPOSA ME HIZO LLAMAR A LA POLICÍA

papeles.

Los retiré.

—No los toques.

—Rafael, déjame explicarte —susurró Verónica.

—Adelante.

—Necesitábamos dinero.

Solté una risa amarga.

—Te enviaba dinero cada semana.

—No era suficiente.

—¿Para qué? ¿Para tus viajes? ¿Para las bolsas nuevas? ¿Para Mauricio?

El nombre cayó sobre la habitación como una piedra.

Verónica abrió la boca, pero no salió ningún sonido.

Lorena miró a su hermana.

—Te dije que tuvieras cuidado.

Me volví hacia ella.

—¿Cuidado con qué?

Lorena comprendió demasiado tarde lo que había dicho.

—No quise decir eso.

—¿Sabías que estaban intentando vender la