Se cayó jugando.
—Eso mismo me dijo al principio.
Saqué otra hoja.
—Pero después me contó cómo la castigaban, cómo le quitaban la comida y cómo la obligaban a trabajar
hasta la madrugada.
Camila soltó una risa nerviosa.
—Ay, tío, Valeria siempre exagera.
La miré directamente.
—También me contó que tú la golpeabas.
Camila dejó de sonreír.
Su madre intervino.
—No puedes acusar a mi hija de esas cosas.
—No estoy haciendo una acusación sin fundamento. Ya entregué la información a las autoridades.
Verónica abrió mucho los ojos.
—¿Autoridades?
—Sí.