tu voz no importa.
Valeria dejó de leer.
Sus lágrimas caían sobre el papel.
Me acerqué y la abracé.
—Parece que mamá sabía lo que necesitaba escuchar —susurró.
Sentí un
nudo en la garganta.
—Tu mamá siempre supo lo especial que eras.
Continuamos leyendo juntos.
En la última parte, Mariana había escrito:
Tu papá es un hombre trabajador y a veces puede parecer demasiado serio. Pero tiene un corazón enorme.
Si alguna vez sientes que el mundo se vuelve demasiado difícil, habla con él.
Estoy segura de que hará todo