REGRESÉ TRES DÍAS ANTES DE MI VIAJE Y ENCONTRÉ A MI HIJA LAVANDO ROPA A OSCURAS… CUANDO VI LOS MORETONES EN SUS BRAZOS, GUARDÉ SILENCIO. PERO LO QUE DESCUBRÍ EN EL CUARTO DE MI ESPOSA ME HIZO LLAMAR A LA POLICÍA

lo posible por protegerte.

Aquellas palabras me hicieron llorar.

Porque durante mucho tiempo no había visto lo que estaba ocurriendo frente a mis ojos.

Había trabajado demasiado.

Había confiado en la persona equivocada.

Y mi hija había sufrido en silencio.

—Perdóname, Valeria —murmuré.

Ella levantó la cabeza.

—Papá…

—Debí darme cuenta antes.

Mi hija me abrazó.

—Pero regresaste.

Cerré los ojos.

—Sí, mi amor.

—Y ahora estás aquí.

La abracé con todas mis fuerzas.

—Y voy a seguir aquí.

Aquella noche preparé la cena.

No fue nada extraordinario.

Pollo con