REGRESÉ TRES DÍAS ANTES DE MI VIAJE Y ENCONTRÉ A MI HIJA LAVANDO ROPA A OSCURAS… CUANDO VI LOS MORETONES EN SUS BRAZOS, GUARDÉ SILENCIO. PERO LO QUE DESCUBRÍ EN EL CUARTO DE MI ESPOSA ME HIZO LLAMAR A LA POLICÍA

interrumpidas.

No había excusas.

Me levanté temprano y decoré la sala con globos de sus colores favoritos.

Claudia llegó con un pastel.

Sus amigas trajeron regalos.

También invitamos a algunos familiares que siempre habían querido a Mariana.

Cuando Valeria bajó las escaleras, todos gritamos:

—¡Feliz cumpleaños!

Se quedó inmóvil.

Miró los globos.

Las velas.

El pastel.

Y después me miró

a mí.

—¿Todo esto es para mí?

Sentí que se me llenaban los ojos de lágrimas.

—Claro, princesa. ¿Para quién más?

Valeria comenzó a llorar.

Me acerqué.

—¿Qué pasa?

Negó