con la cabeza mientras sonreía.
—Es que el año pasado tuve que mirar la fiesta desde afuera.
La abracé.
—Nunca más tendrás que mirar tu propia vida desde una ventana.
Cuando llegó el momento de apagar las velas, todos guardamos silencio.
Valeria cerró los ojos.
Pidió un deseo.
Y sopló.
Después la abracé y le entregué una pequeña caja.
Dentro había un collar con el dije de corazón que había pertenecido a Mariana.
Lo habíamos recuperado entre las pertenencias que Verónica había escondido.
Valeria lo sostuvo con cuidado.
—Era de