terrible sucede, perder el control solamente empeora las cosas.
Respiré profundamente.
—Está bien, hija. Ya no tienes que lavar nada.
—Pero se van a enojar.
—Yo me encargo.
Le preparé
agua caliente para que pudiera bañarse.
Después le hice un sándwich.
Lo devoró con tanta rapidez que tuve que pedirle que comiera despacio.
Aquello me preocupó todavía más.
Cuando terminó, le dije que se fuera a descansar.
Yo terminé de lavar y colgar la ropa.
Luego me senté solo en la cocina.
No pude dormir.
A las cinco de la