algo golpeó desde debajo de la casa.
No fueron los tres golpes habituales.
No se parecían tampoco a los arañazos que habían escuchado durante las noches anteriores.
Fue un sonido profundo.
Prolongado.
Húmedo.
Como si una respiración inmensa hubiera permanecido contenida durante años y finalmente encontrara una manera de escapar.
Rose se quedó inmóvil.
Margaret abrió mucho los ojos.
Gideon volvió la cabeza hacia el suelo.
Las tablas comenzaron a temblar.
Una taza vibró sobre la mesa.
La leche se agitó dentro del recipiente.
Afuera, detrás del granero, la enorme