sentí sola. La diferencia es que nadie me había enseñado que podía decirlo.
Lucía nunca había oído hablar así a su madre. Antonio bajó la cabeza, incapaz de responder.
Mateo habló sin levantar la voz.
—Quiero a Lucía. También quiero estar presente para nuestro hijo. Pero si algún día le pido que se case conmigo, será porque los 2 deseamos hacerlo. No porque tengamos miedo al qué dirán.
Lucía respiró por primera vez desde que su padre entró en casa.
—Y todavía no hemos decidido si vamos a volver —añadió—.