Que esté embarazada no borra nuestras discusiones.
Antonio se sentó. Cuando finalmente se marchó, no pidió perdón. Mercedes abrazó a su hija en la puerta y le dejó una frase que se le quedó grabada:
—No confundas la tranquilidad de los demás con tu felicidad.
Aquella noche, mientras cenaban una tortilla que se había roto en la sartén, Lucía le preguntó si realmente había rechazado Lisboa.
—Sí. Eran 8 meses dirigiendo una unidad nueva. Me ofrecían más dinero y un cargo precioso para poner en una tarjeta.
—Era el trabajo