Entré en el hospital para saber si estaba embarazada y terminé en brazos del médico que había dejado hacía 32 días. Cuando mi padre se enteró, exigió: «Vas a casarte con mi hija antes de que esto se sepa». Me negué a obedecerlo. Entonces mi exnovio me mostró un mensaje que revelaba quién había provocado nuestra separación

que siempre habías querido.

—Eso pensaba. Hasta que me descubrí calculando cuántos años tendrían que pasar para poder cenar contigo un miércoles cualquiera.

Lucía negó con la cabeza.

—No quiero convertirme en la razón por la que renuncies a todo.

—No eres una renuncia. Pero tampoco quiero que pensemos que un hijo solucionará lo que no supimos arreglar. Voy a seguir trabajando, solo que con unos límites que antes no me atrevía a poner.

Se quedaron sentados en el sofá, separados por apenas unos centímetros. Por primera vez, ninguno llenó