mesa el día de la ruptura.
—La guardé porque no estaba preparado para cerrar aquella puerta —dijo—. No te pido que vuelvas a vivir conmigo. Solo quiero que sepas que, si algún día decides hacerlo, no tendrás que volver a esperar sola dentro.
Lucía sostuvo la llave sobre la palma. Podía haberle dicho que sí por emoción. En cambio, la guardó en el bolso.
—Quiero intentarlo. Despacio. Y si volvemos a hacernos daño, hablaremos antes de marcharnos.
Mateo la besó. No prometieron perfección; decidieron intentarlo.
Pero el embarazo todavía tenía