una prueba para ellos.
Una tarde, trabajando en una vivienda del centro, Lucía notó un pequeño sangrado. Mercedes la llevó a urgencias. Mateo, que asistía una intervención que no podía abandonar, contestó cuando terminó y acudió en cuanto pudo.
Los minutos de espera se hicieron interminables. Una médica la exploró, realizó las pruebas indicadas y explicó que, por el momento, los hallazgos eran tranquilizadores. Debía seguir las recomendaciones y volver si aparecían determinados síntomas.
Mateo llegó poco después, aún con marcas de la mascarilla en el rostro. Se acercó sin