Entré en el hospital para saber si estaba embarazada y terminé en brazos del médico que había dejado hacía 32 días. Cuando mi padre se enteró, exigió: «Vas a casarte con mi hija antes de que esto se sepa». Me negué a obedecerlo. Entonces mi exnovio me mostró un mensaje que revelaba quién había provocado nuestra separación

tenía las manos tan frías que ella terminó agarrándoselas para tranquilizarlo.

—Ahí está —dijo la doctora.

El sonido llenó la habitación. Era rápido y diminuto, pero ninguno había oído nunca nada tan importante. Mateo empezó a llorar en silencio. Lucía sonrió entre lágrimas.

—Has pasado noches enteras en quirófano sin perder los nervios —le recordó.

—Aquellos no eran nuestros latidos —respondió él.

Al salir, se sentaron en un banco del jardín. Mateo sacó de su bolsillo una llave con un llavero amarillo, la misma que Lucía había dejado sobre la