pronunciar ninguna excusa grandilocuente.
—Ya sé que has tenido que esperar —dijo—. ¿Qué necesitas ahora?
Lucía lo abrazó. No necesitaba que abandonara a sus pacientes; necesitaba saber que volvería a su lado.
—Necesito que me escuches decir que he pasado mucho miedo.
—Te escucho.
Se quedaron juntos aquella noche. Mateo preparó la cena y la escuchó sin interrumpirla.
Antonio llegó al día siguiente con mandarinas. Encontró a Mateo lavando platos y a su hija descansando.
—He pasado años creyendo que, si controlaba las cosas, nada malo os alcanzaría —dijo a