Entré en el hospital para saber si estaba embarazada y terminé en brazos del médico que había dejado hacía 32 días. Cuando mi padre se enteró, exigió: «Vas a casarte con mi hija antes de que esto se sepa». Me negué a obedecerlo. Entonces mi exnovio me mostró un mensaje que revelaba quién había provocado nuestra separación

su hija—. Al final he sido yo quien te ha hecho daño.

Lucía no respondió enseguida.

—Lo que necesito de ti no es que decidas por mí. Es poder llamarte cuando tenga miedo sin que me juzgues.

Antonio le pidió perdón por haber intervenido a escondidas y por preocuparse más de la reputación familiar. Se quedó a comer. No habló de bodas.

Esa tarde hablaron de la llave amarilla. Mateo sacó una libreta y anotaron gastos, permisos y cómo compartirían los cuidados. Lucía no renunciaría al estudio ni él prometería