Entré en el hospital para saber si estaba embarazada y terminé en brazos del médico que había dejado hacía 32 días. Cuando mi padre se enteró, exigió: «Vas a casarte con mi hija antes de que esto se sepa». Me negué a obedecerlo. Entonces mi exnovio me mostró un mensaje que revelaba quién había provocado nuestra separación

horarios imposibles. Decidieron buscar juntos otro hogar, sin prisas.

—¿Y si nos sale mal? —preguntó Lucía.

—Entonces seguiremos siendo los padres de nuestro bebé y nos trataremos con respeto —contestó Mateo—. Pero yo quiero que nos salga bien también como pareja.

Le tranquilizó más que un anillo. Por fin hablaban de decisiones concretas, no de un futuro aplazado.

Con los meses, Lucía aprendió a decir lo que necesitaba. Mateo reorganizó sus responsabilidades y rechazó otro traslado por decisión propia. Seguía amando su profesión, pero ya no confundía trabajar más con